DANI KARAVAN

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Memorial Walter Benjamin

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Dani Karavan es un artista universalmente conocido por su dedicación al arte y el espacio público; Karavan es, de hecho, un creador de entornos cuya máxima preocupación versa alrededor de la necesidad de establecer un diálogo con la naturaleza a fin de dotar de personalidad y vida propia cada uno de los espacios sobre los que trabaja. Su afiliación a una tendencia artística concreta resulta enormemente dificultosa y parece más acertada su identificación como artista pluridisciplinal ( escultor, arquitecto, ingeniero, diseñador urbano…) que asimila indistintamente diversas tendencias artísticas del contexto contemporáneo, como el Land Art, el arte conceptual o el minimalismo.

De origen judío, Dani Karavan nació en 1930 en Tel Aviv ( antigua Jaffa), y creció al mismo ritmo que la ciudad experimentaba un período de moderna expansión y constantes cambios, y donde el único punto de referencia estable era la arquitectura y presencia árabe.

Su padre se estableció como arquitecto paisajista de la ciudad y fue quien primero introdujo a Karavan en la piedra, los árboles y el trabajo con la tierra, propiciando un encuentro con el Land Art antes de que éste fuera un hecho.

A través del trabajo con su padre, Karavan aprendió y desarrolló su propio lenguaje y perfeccionó su estilo. Él mismo suele decir a menudo:

“Nunca tuve que adaptarme a la naturaleza, era parte de mi infancia”.

A partir de esta frase no es muy costoso comprender una de las premisas básicas del pensamiento karavaniano, y es que uno debería adaptarse primero al lugar antes de iniciar cualquier intención de intervención. Pero si lo que pretendemos es acercarnos a la definición de la idiosincrasia de este artista, su definición no puede limitarse a la de un hombre comprometido con la Madre Naturaleza.

Su compromiso va más allá del utópica fraternidad con la tierra, abarcando un compromiso abierto con el hombre, que atañe a su historia y a su espíritu. En este momento entra en acción una faceta de karavan directamente asociada con el activismo político.

Cuando en 1940 se fundó el Estado de Israel y llegó la guerra, los principales esfuerzos de Karavan se centraron en utilizar el arte en su dimensión política, y en este punto lo encontramos diseñando posters a favor de la paz con los árabes, del “pan y trabajo” para los inmigrantes, y contra la intolerancia religiosa. A partir de aquí queda claro que para Karravan, la función del arte era la de integrarse en la sociedad a modo de catarsis por la paz y la armonía.

El respeto y el simbolismo que concede a la vegetación, a la naturaleza en general, y su compromiso definitivo y rotundo por la paz, son dos aspectos que aparecen entrelazados en las aportaciones de Karavan, dando en definitiva las características específicas de su arte, lo que queda patente, por ejemplo, en su Environment por la Paz, de la Bienal de Florencia de 1976, donde escribió, pensando en el olivo como símbolo de la paz:

“los olivos deberían ser nuestras verdaderas fronteras”

La obra de Dani Karavan está repartida por todo el mundo; condecorado varias veces con distintas cruces de plata y oro por la UNESCO, a Karavan se le otorga el Praemium Imperiale, (Máximo galardón que se le puede atribuir a un artista, equivalente al Premio Nobel de la Paz para el arte).

Dani Karavan es un creador de entornos cuya máxima preocupación versa alrededor de la necesidad de establecer un diálogo con la naturaleza, abarcando un compromiso abierto con el hombre, que atañe a su historia y a su espíritu.

No hace una lectura del ecologismo de corte fundamentalista, sino una reflexión conjunta sobre el paisaje. La percepción del paisaje está condicionada por una percepción total sobre la vida.

Los lugares de Karavan son como museos al aire libre donde la circulación de ideas y de personas construyen un todo que es cultura. El lenguaje del arte supera la palabra de los lenguajes y de los pueblos; nace de la diferencia de las lenguas. Los paisajes de Karavan entran en una antropología del espacio y requiere una interpretación histórico-cultural.

Karavan construye lugares sagrados, no para habitar, sino para pensar y circular. Con él, el paisaje aparece como la creación de un espacio “espiritual”, “mental”, en lugar de una simple descripción espacial.

Karavan crea un nuevo género artístico, únicamente en espacios públicos, sus “jardines” dicen “pienso luego existo”. Utiliza elementos de la naturaleza como el cactus, el naranjo, la tierra, el sol, el viento, las olas, etc... para crear sus espacios pero es el olivo, símbolo bíblico y símbolo mediterráneo de todas las culturas, de todas las religiones y de todo el Mediterráneo el que más importancia toma.

Karavan es consciente de que el arte debe formar parte de la vida cotidiana de nuestra sociedad como un elemento que promueve la paz y la armonía, siempre ligada a la naturaleza.

Utiliza las proporciones áureas como conexión con lo celestial, así en algunas de sus obras utiliza 12 columnas que representan las 12 horas, los 12 meses. Miden doce metros de alto y 1.2 metros de ancho. A veces las grietas marcan orientaciones geográficas, otras veces utiliza el meridiano de San Petronio para generar rayos de luz, otras utiliza únicamente múltiplos de un mismo número, en otras incluso, utiliza la dendrocronología, como medidor del paso del tiempo, de la historia.

Como los jardines japoneses, ninguna de las obras de Karavan pueden verse de una sola vez, ni siquiera desde una perspectiva aérea.

Karavan pone al espectador en contacto con la naturaleza, produciendo un delicioso estado mental y conduciendo a la experiencia cósmica de un jardín distante. Su obra se dirige a todos aquellos que sienten el punzante deseo de vivir en armonía universal con los demás, signo de un estado de gracia, reflejo del arte de vivir.

Pero Karavan es totalmente consciente de la transición que comporta el hecho de evolucionar hacia una aldea global. La obra de Karavan representa humildad y coraje; y plantea un importante desafío a los conflictos existentes en el mundo de hoy.

En una época de conservadurismo galopante en la escena política mundial, Karavan señala la ruta hacia otra perspectiva: la posibilidad de esperanza y compasión para todos los que, careciendo de nombre, constituyen la base de nuestra historia global.

Karavan busca la armonía para patentizar la crisis social.

En este momento entra en acción una faceta de Karavan directamente asociada con el activismo político y el desarrollo cultural. El respeto y el simbolismo que concede a la vegetación, a la naturaleza en general, y su compromiso definitivo y rotundo por la paz, son dos aspectos que aparecen entrelazados en las aportaciones de Karavan.

Las obras de Karavan tienen una particular expresión de tolerancia y modestia; que invita a quien las utiliza a permanecer en silencio, más que intimidado. Su obra nunca pierde su sensualidad; es más, invita a quien la observa a ser inevitablemente curioso.

El espacio de las obras de Karavan no está regido por la geometría sino por la significación. Genera espacios de un sentido congregador, de comunicación para los ciudadanos, a la vez que memoria de su historia.

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