Walter Benjamín se adhirió al Movimiento Juvenil, vitalista, vertido hacia la naturaleza y el arte, en torno al pedagogo reformador Gustav Wyneken.
El descubrimiento del lenguaje fue decisivo para Benjamín
Estas preocupaciones están indisolublemente unidas a la elaboración, junto con su amigo Heinle, de una "lengua de juventud" en los años anteriores a la primera guerra mundial.
Respecto a las tendencias políticas de Benjamín, aunque nunca llegó a militar en ningún partido político, en una carta de enero de 1913 a L.Strauss le confiesa su desinterés por el sionismo en la medida en que desemboca a un nacionalismo, y se define como un liberal de izquierdas, o, en todo caso, como socialdemócrata. Pero ante el incremento de posiciones dogmáticas mantenidas por los dirigentes de los mencionados "Movimientos de la juventud", sus ideas políticas cambian, y se define a sí mismo apolítico para terminar manifestado su simpatía por el anarquismo.
"Ser joven es no solo servir al espíritu, es esperarlo. Este vibrante sentimiento de la presencia abstracta del puro espíritu es lo que llamaría juventud"
"tratábamos de luchar contra nuestro destino y confiábamos en un mundo en el cual la voz de la juventud fuese escuchada".

