No podemos prescindir de la presión de una obligatoriedad religioso-social (beneficiosa pero absolutamente indigna de hombres libres), ni hemos conseguido completamente la autonomía ética del hombre.
Para Confucio la ley moral encierra un doble peligro: ser demasiado elevada para el sabio y demasiado humilde para el necio.
Con ello volvemos a la formulación de Kant: "No hay nada en el mundo, ni tampoco fuera de él, que pueda pensarse como absolutamente bueno más que una buena voluntad"
La vida cotidiana de la comunidad moral se plasma religiosamente.

